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09
Octubre
2009

09 Octubre 2009

La revolución gastronómica

Enrique Castillo  
 
Hace pocos días, los limeños tuvimos la oportunidad de asistir a lo que se ha constituido solo en un muestrario de nuestra oferta culinaria: Mistura, una oportunidad anual para deleitarse con una amplia oferta de platos y sabores; un lugar que permite revalorar nuestros recursos al verlos convertidos en ingredientes formando parte de un plato que será la admiración de muchos; un espacio para aquilatar la habilidad y la creatividad de cada mano peruana que trabaja en la cocina; y mosaico de usos y costumbres que se integran y se potencian.
 
Qué duda cabe que Mistura es consecuencia de esa revolución gastronómica que nos enorgullece y que hoy es reconocida y admirada por el mundo. Sin embargo, si bien esa revolución ha permitido que la gastronomía peruana se abra espacios en el extranjero y se convierta en una especie de buque insignia de nuestro país, no es menos cierto que todo este movimiento que lidera Gastón Acurio, con mucha visión de futuro y con ideas claras, ha permitido una revolución hacia adentro que viene cambiando la vida de muchos para bien, y que ha hecho que cada vez más peruanos se miren a sí mismos y miren a los demás, para reconocer, sin leyes ni decretos, sin discursos ni protagonismos que si no optan por el esfuerzo permanente, por la búsqueda de la excelencia o por el trabajo creativo y diferenciado, no tendrán oportunidades, ni hoy ni mañana.
 
Más peruanos asumen cada día el reto de crear para competir, de innovar para ofertar. Y no se equivocan, porque salen adelante, porque amplían su mercado, porque crecen sus oportunidades, porque triunfan, porque exportan. Hoy, los restaurantes, las cafeterías, los huariques y las carretillas, los puestos, sienten que comandan o gestan esa revolución y hacen los mayores esfuerzos por no defraudar. Desde buscar un uniforme, esmerarse en la limpieza, buscar los mejores insumos hasta ofrecer los mejores platos, para la vista y el paladar, con la mejor atención para un cliente.
 
Toda esa legión de peruanos busca la excelencia porque quiere, porque sabe que la necesita, porque es consciente de que si no lo hace perderá su clientela a manos de alguien con mejor visión y disposición. Si pudiéramos tener esa misma legión de peruanos en otras actividades todo podría ser distinto. Si pudiéramos tener esa legión de peruanos en la política otro sería nuestro país. Quizás, creemos, ese sea el valor más importante de esta revolución: cambiar a los peruanos silenciosamente, sin protagonismos ni egoísmos.
 
(Gestión, 9 de octubre 2009)